16 octubre 2007

El Paseo del domingo

Todos los domingos me gusta salir por las mañanas a pasear por mi pueblo con mi niño pequeño de un añito.

Así que lo pongo guapo y lo monto en su carrito y me dispongo a salir a pasear, pero cual es mi sorpresa que para poder conseguir llegar a la pastelería que es el final de mi paseo es una tremenda odisea. Empezamos por las terrazas de los bares que no se si serán legales o no ni me importa, pero lo que me molesta es que me es imposible poder pasar por las aceras con mi niño y su carro, más adelante intento pasar por un paso de peatones, si esos que los coches cuando te ven que intentas pasar aceleran más o te esquivan cuando estas pasando y no hablemos de pasar por el único semáforo que ahí en el pueblo que aun es peor, porque da lo mismo que este rojo, verde o ámbar los coches siempre tienen preferencia. Una vez conseguido pasar a la otra acera en la que no hay terrazas de bares, nos encontramos con los coches aparcados correctamente encima de las aceras que te obligan a bajar con el carro del bebe a la carretera, pero eso no es solución por que nos encontramos con coches aparcados en doble fila en sitios que impiden la circulación, todo ante la atenta mirada de la policía municipal que se dedica a mirar a otro lado mientras pasan de largo “gran profesionalidad la suya”. Salvados estos obstáculos y creyendo que todo se había acabado llegamos a las eternas obras que no respetan las medidas de seguridad y otra vez te obligan a volver a invadir la carretera para pasar, en una zona peligrosa y céntrica del pueblo.

Por fin llegamos a nuestro destino y pienso ¿ha valido la pena poner la vida de mi hijo de tan solo un año de edad en peligro por unos pasteles?

Posdata:

Esto ha pasado un domingo sin apenas tráfico y temprano, ¿Cómo será un día normal a la hora de llevar a los niños “nuestro futuro” al colegio? mejor no me lo imagino.



Gabi

Un vecino de Chiva.